Peregrinos como José y María.

Cuantas obras maravillosas hace Dios cada día en nosotros y cuántas veces nos quedamos como inertes, sin que nada  nos sorprenda. Tepeyac no puede unirse a aquellos que así piensan y actúan. Por el contrario, nuestra familia parroquial siempre agradece los milagros diarios que Dios hace con nosotros  bajo la intercesión de la Morenita y bajo la inspiración de Juan Dieguito. En Tepeyac siempre nace y renace la alegría, porque María siempre nos susurra al oído para recordadnos: “¿Acaso no estoy yo aquí que soy tu Madre?” ¿Cuándo una madre de buen corazón abandona a sus hijos? ¿Y mucho menos si están en  necesidad? ¡Eso nunca! Y así es y hace nuestra Madre del Tepeyac, tengamos siempre presente que ella  nos tiene una casa con “sala” = templo y “antesala” = Cerrito, y ahí hay espacio para todos  sus hijos e hijas. Nadie está excluido, por el contrario, todos incluidos.

En los últimos años muchas cosas buenas han pasado entre nosotros y a veces solo mencionamos las pequeñas cosas negativas olvidando así las grandes bendiciones recibidas. Celebremos siempre la Vida porque siempre es Navidad. Hagamos y vivamos en fiesta porque siempre es navidad. Jesús nació para vivir siempre en nuestro corazón, en nuestra familia en nuestro pesebre personal y familiar. 

Citemos y meditemos las palabras del Papa: LA ALEGRÍA DEL EVANGELIO llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría” (EG, 1). Así es y debe ser en Tepeyac, cada día nace y renace la alegría que produce nuestra fe en Cristo el Salvador. Por tanto, unámonos a las palabras de la Virgen María en san Lucas 1, 46-55: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación...”

Celebremos la vida y familia: Sigamos en el camino haciendo discípulos, renovando nuestra comunidad e inspirando siempre a nuevos creyentes a ser servidores de Dios. ¡Feliz Navidad!

Con afecto sincero,

Rev. Rigoberto Gámez, JCD. Párroco.