Llamados a ser felices por vocación

En el episodio del diálogo entre Dios y Samuel es Dios quien habla y llama y es Samuel quien escucha, pero necesitar entender, y por eso al final actúa respondiendo: Habla Señor que tu siervo escucha (1 Sm 3, 3b-10. 19). Esa respuesta de Samuel representa tres opciones de vida cristiana llamada: VOCACION. a) La vocación al matrimonio, b) la vocación a ser consagrado a Dios (sacerdocio) y c) vocación al estado de celibato o de quedarse soltero. En definitiva, lo que Dios quiere es que cada uno de sus hijos, en libertad, elija una de esas opciones, cada una de las cuales, si escuchamos atentamente su voz, con seguridad, que podemos ser feliz. En el salmo 39 así da testimonio el autor cuando dice: Esperé en el Señor con gran confianza porque él se inclinó hacia mí y escuchó mis plegarias, pues aquí estoy Señor para hacer tu voluntad.

En el Evangelio encontramos a Juan Bautista en el ejercicio pleno de su vida, vocación y misión: Enseñando, bautizando y dando testimonio: Es Juan quien señala: Este es el Cordero de Dios, el que perdona el pecado y viene con Espíritu Santo y fuego. Es imposible permanecer indiferentes ante esa noticia. Los discípulos inmediatamente reaccionan y preguntan: ¿Maestro dónde vives? Eso demuestra que quieren conocerle, seguirle, estar con Él. Se ha establecido una relación de diálogo, cercanía, interés, escucha y compromiso a lo cual, Jesús les proponen: Vengan y lo verán, vengan y lo sabrán o descubrieran.

Esa es la vocación a la vida, a la misión y la felicidad, seguirlo en su palabra y en sus sacramentos, es el secreto de la verdadera felicidad. No importa cuál sea tu vocación, lo que importa es descubrirla, seguirla y vivirla. Por eso Jesús dice: ¡Ven y lo veras!. El Papa Francisco evoca estas palabras en su documentos La alegría del Evangelio cuando dice: “Hay que reconocerse a sí mismo como marcado a fuego por esa misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, libera” (EG 273) pues La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría. Vayamos con alegría llevar la buena Nueva a todos los hombres. Esa es la vida, la vocación y la misión. 

Con afecto sincero,

Rev. Rigoberto Gámez, JCD - Párroco