LAS LLAGAS DE JESÚS

INCORPORANDO EL PERDÓN

En unos pocos versos, vemos que los discípulos no solamente recibieron una nueva perspectiva del sufrimiento, sino una nueva fuerza y una nueva tarea en sus vidas. Su nueva fuerza, el mismo aliento de Jesús, es el Espíritu Santo. Su nueva tarea, dada en el mismo aliento, es incorporar el perdón de Dios y proclamar ese perdón a todos. Cuando Jesús se les apareció, él no los castigó por haberlo abandonado o traicionado hacía solo unos días. Jesús les dio la paz de ser perdonados. Él dio el Espíritu Santo para que pudieran perdonar a los demás. 

La experiencia de ser perdonado y perdonar a otros está en el corazón del Evangelio. Jesús vino a proclamar y a manifestar el deseo de Dios de reconciliarse con sus hijos e hijas, nosotros como personas. Dios está siempre trabajando hacia la reconciliación y se regocija cuando una relación rota es sanada. Cuando aceptamos el perdón de Dios y de los demás, así permitimos que Dios entre a nuestros corazones. Cuando perdonamos a otros o a nosotros mismos, participamos en el trabajo de Dios.  

Lecturas de hoy: Hch 4:32-35; Sal 118 (117):2-4, 13-15, 22-24; 1 Jn 5:1-6; Jn 20:19-31