Tercer Domingo de Pascua

NO SOLAMENTE PARA EL CIELO 

En el pasaje del Evangelio, Jesús específicamente enfatiza su presencia corporal. Él invita a sus discípulos a tocarlo, y él come algo de pescado enfrente de ellos. Él claramente dice que no es un fantasma y que no se despojó de su humanidad cuando resucitó. Los discípulos empiezan a entender a Jesús de una nueva manera. Mucho tiempo después, los cristianos expresaron esto como la resurrección de Jesús en la carne. Jesús resucitado, tanto en lo humano como lo divino, reina tanto en el cielo como en la tierra.

Así que cuando Jesús envía a sus discípulos, y hoy cuando nos envía a todos, a proclamar el Reino de Dios, él nunca quiso decir "solamente para el cielo". Dios busca renovar, no rechazar el cuerpo humano, la cultura del hombre y lo creado en el universo. El proyecto de Dios para nosotros está aquí y ahora, dentro de todas las limitaciones y el desorden de la vida diaria. Estamos llamados a cuidar unos de otros, a la Tierra y toda la creación amada por Dios.

Lecturas de hoy: Hch 3:13-15, 17-19; Sal 4:2, 4, 7-8, 9; 1 Jn 2:1-5a; Lc 24:35-48