Domingo de Pentecostés

Nosotros también estamos invitados a unirnos a la misión de Dios en nuestra propia cultura, acercándonos con humildad y audacia. Debemos ser servidores, compañeros y a veces profetas, siempre con caridad y apertura. El Espíritu nos llama tanto a entablar un dialogo con otras personas como a proclamar a Jesús con nuestras vidas.

DONES PARA COMPARTIR 

Durante el ministerio de Pablo en Corintio, la comunidad cristiana ahí surgió rápidamente. Una variedad de dones espirituales fue compartida con entusiasmo. Pero esa variedad los llevó a tener discusiones entre ellos. Algunos creían que algunos dones, como el hablar en lenguas era el más importante. Aquellas personas con dones particulares obtuvieron honores y estatus social en la comunidad. 

En su carta a los corintios, Pablo desafío esto. Él escribió que todas aquellas personas con dones, y todos los dones venían del Espíritu Santo. Los dones, aunque muy diferentes, son fundamentalmente iguales en importancia. Tienen un propósito compartido, proclamar y vivir la Buena Nueva de Jesús. 

Cada uno de nosotros está invitado a considerar cómo el Espíritu nos ha dado dones dentro de la Iglesia para participar en la misión de Dios en el mundo. Nuestros dones son valiosos y distintivamente nuestros. Pero no son ni mejores ni peores que los dones de los demás. Todos fueron dados para servir nuestro propósito común tanto con humildad y entusiasmo, compartamos nuestros dones.

Lecturas de hoy: Hch 2:1-11; Sal 104 (103):1, 24, 29-30, 31, 34; 1 Cor 12:3b-7, 12-13 o Gal 5:16-25; Jn 20:19-23 or Jn 15:26-27; 16:12-15