El Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

SACERDOCIO REAL 

       La elección libre de Jesús de morir por nosotros en la cruz perfeccionó la larga tradición de sacerdotes que ofrecían sangrientos sacrificios de animales en el altar. Así como nuestra lectura de la carta a los hebreos nos dice: "Cristo se presentó como sumo sacerdote que nos obtiene los bienes definitivos". En su muerte, Jesús fue tanto sacerdote como la víctima "una sola vez y para siempre". Jesús murió por nosotros. Por todos nosotros. Él conoce a cada uno de nosotros por nombre y nos eleva a una dignidad indivisible y sin prejuicios. Al hacer esto, Jesús nos hace participes de su "sacerdocio real". Bajo la nueva alianza, somos bautizados en el sacerdocio común de Jesús e invitados a hacer un sacrificio de nosotros mismos. Dios todavía llama a sacerdotes ordenados a ofrecer el sacrificio del Cuerpo y Sangre de Cristo todos los días en nuestros altares. Este es un gran don, y el centro de nuestra solemne festividad hoy. Nuestro sacerdocio bautismal común también nos recuerda que cada uno de nosotros participa en el gran sacrificio de Jesús cuando ofrecemos nuestro amor y obras en el altar de nuestros corazones.

Lecturas de hoy: Ex 24:38; Sal 116 (115):12-13, 15-16, 17-18; Heb 9:11-15; Mc 14:12-16; 22-26