La llamada de Dios

Sin embargo, atravesamos momentos, como en tiempos de Jesús en que encontramos dureza de corazón, para entender su mensaje, La experiencia, sin embargo, nos dice que acoger esta llamada y llevarla a cabo es algo que con frecuencia nos supera, porque quizá no nos acabamos de creer que estamos hechos a imagen de Dios. «Por la dureza de su corazón dejó escrito Moisés este precepto» dice Jesús en el evangelio. Y es que son nuestras resistencias, nuestra «dureza de corazón», las que impiden que nuestras relaciones sean logradas. Y también en el matrimonio. Necesitamos, por tanto, que todos tengamos una percepción muy real de cómo somos. Podemos hacernos nuestra la máxima griega del templo de Delfos: «Conócete a ti mismo». Es necesario que yo sepa en qué puedo enriquecer la relación con el otro, en el matrimonio o en cualquier instancia… y también es necesario que sepa en qué soy un estorbo para unas buenas relaciones. Más de una vez he oído: «Ya sabes que yo soy así». Soy así y no esperes que cambie. Que es lo mismo que decir que no esperes que abandone mi comodidad, mi posición de ventaja. Si no quiero cambiar para mejorar, si no quiero crecer como persona para ser más semejante a Dios con ello, ciertamente estoy exhibiendo mi dureza de corazón. Me estoy resistiendo a vivir las bienaventuranzas, que son como la selfie que Jesús hace de sí mismo: la sencillez de corazón, la actitud constructiva y pacífica, la aceptación de mi pobreza y de todo lo que me falta para ejercer de hijo, de hija de Dios.

 Dios les bendiga

Rev. Alejandro Marca Mansilla, Pastor.