Mensaje del Santo Padre Francisco para la Cuaresma 2018

La Sagrada Familia

(Diciembre 30, 2018)

Muy apreciados hermanos y hermanas.

Nuestra mirada después de Navidad pasa por el niño de Belén y su familia, una familia sagrada porque tiene en su seno al Hijo de Dios. Contemplamos y celebramos la encarnación del Hijo de Dios, que es lo que pretende la liturgia de la Iglesia durante todas las fiestas navideñas, con la familia de Nazaret enraizada en un pueblo, con su cultura y religión, en una geografía y en una época concretas.

Por ello la familia de Nazaret, nos hace dar cuenta del arraigo de José y María y de que eran fieles cumplidores con los ritos de la religión judía. Así, pues, Jesús crece en el ámbito de una familia piadosa, que cumple las leyes y las costumbres de su tierra y su religión. En su casa, Jesús, aprende, desde pequeño, a ser un buen judío. En este caso, como prescribe la ley, debieron ir a Jerusalén para la ceremonia del «bar Mitswa», en la que el adolescente lee la ley, la comenta y asume su compromiso religioso.




Necesidad de paciencia y de acompañamiento

(Diciembre 23, 2018)

Muy apreciados hermanos y hermanas.

El cuarto domingo de Adviento nos adentra en la liturgia navideña. Hoy es cuando contemplamos a María que vive la experiencia de una maternidad singular, porque lleva en sus entrañas al Hijo de Dios. Ella nos invita a que abramos el corazón, hagamos silencio y contemplemos el misterio.

Cuando nos acercamos un poco a las realidades que nos rodean, podemos notar que quisiéramos soluciones a los problemas de toda clase y, a veces, lo confiamos todo a la suerte y/o esperamos medios extraordinarios. Nos cuesta valorar las mediaciones que tenemos a nuestro alcance y las pequeñas actuaciones normales y discretas, porque carecemos de confianza. De esta manera, quizá inconscientemente, eludimos nuestra parte de responsabilidad ante los problemas colectivos y justificamos nuestra inhibición, quedándonos instalados en una ineficaz crítica negativa.




¿Qué debemos hacer?

(Diciembre 16, 2018)

Muy apreciados hermanos(as)

Este tercer domingo de Adviento, llamado en la tradición litúrgica “Domingo de Gaudete” (Domingo del gozo, alegría) nos presenta hoy, a San Juan Bautista, a quien sus discípulos les hacen una serie de preguntas, que pueden expresar, los cuestionamientos de todos los tiempos y de toda la humanidad, quizá especialmente la perplejidad de nuestra época: qué hemos de hacer. Dicen los especialistas que hoy –la postmodernidad– está desengañada de muchos grandes proyectos que habían motivado a la sociedad: democracia, justicia, libertad, derechos humanos… Son momentos de decepción y de interrogantes.




Mirar y evaluar

(Diciembre 2, 2018)

Muy apreciados hermanos(as)

Hoy iniciamos un nuevo año litúrgico iniciando así el tiempo de Adviento, el mismo que nos invita a tomar conciencia de que nuestra vida y nuestra fe están injertadas a la luz y la esperanza que tenemos en Jesucristo. Por esto es adecuado que desvelemos nuestros corazones teniendo los ojos fijos en él. Este tiempo de Adviento puede ayudarnos a pensar, a rezar, a encontrar sentido a la vida, a estar despiertos para poder vivir la consigna del evangelio: «Esten despiertos». Tal vez pueda ayudarnos el preguntarnos, ¿Cuál es nuestra disposición para vivir con intensidad estas semanas del Adviento y de cara a una nueva Navidad? ¿Cómo puedo redescubrir el proyecto de vida que tenemos en el mensaje salvador que nos da Dios con Jesús? Las situaciones culturales, económicas, políticas y sociales que vivimos, con más o menos intensidad o de rebote, nos afectan a todos. Vamos por la vida, estresados unos, como si estuvieran de vuelta otros. Y esto genera reacciones de toda clase: de certezas y de inseguridades, de confianza y de desconciertos, de motivaciones y de desmovilizaciones, de repliegues solidarios y de repliegues individualistas… Todo queda afectado: no solo el clima colectivo sino también la vida personal, las relaciones familiares, las ocupaciones, los proyectos y las ilusiones de todos, y de cara al futuro. ¿Dónde estamos? ¿Qué hacemos? ¿Cómo vivimos? Tenemos que pararnos y sopesar lo que vivimos.




Mi reino no es de este mundo

(Noviembre 25, 2018)

Muy apreciados hermanos(as)

Hemos llegado al final del tiempo ordinario, y con ella a la fiesta de Cristo Rey, el nos aporta una realidad muy grande para vivir nuestra condición de hijos y seguidores de Jesús. En el relato que nos presenta hoy la liturgia, que está tomado del evangelio de San Juan, Jesús le dice bien claro a Pilato: «Mi reino no es de este mundo». E insiste: «Para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad», de la Verdad, con mayúscula, es decir, de Dios. Ha nacido y está en el mundo con esta finalidad. Su Reino propone otro mundo, nada etéreo, bien concreto, humano, incrustado en el mundo que ha sido enviado a salvar. San Pablo habla de este Reino como del Reino de «justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo» (Rom 14,17). No es un Reino de poder abusivo, es un Reino de vida plena para los que lo acogen de corazón: «de ellos es el reino de los cielos» (Mt 5,3.10). El prefacio de la misa de hoy remacha el clavo: «el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz». Es este el grito que damos cada domingo y cada vez que oramos siguiendo las enseñanzas del maestro. Que este Reino venga a nosotros, como pediremos después en el Padrenuestro.




Generosidad frente a vanidad

(Noviembre 11, 2018)

Muy apreciados hermanos(as)

A menudo habremos visto cómo los abuelos y las abuelas, o los padres, daban consejos, y quizá los hemos recibido personalmente, sobre cómo comportarnos, o diciéndonos con quien tenemos que ir y con quien no, qué amistades tenemos que rechazar. En el presente domingo la liturgia nos presenta a Jesús, como buen maestro, quién nos advierte de que no confiemos sin más de aquellas personas importantes que ocupan lugares de referencia en la vida religiosa o en la sociedad. Hemos de saber que un escriba, no era un cualquiera. Interpretaba la Ley y decía cómo aplicarla en la vida cotidiana, ejercía de juez en los procesos penales. Sin embargo, cuando leemos el Nuevo Testamento podemos ver que los escribas no quedan muy bien, ya que se muestran hostiles a Jesús, aunque algunos, como veíamos en el evangelio del domingo pasado, apreciaron en mucho el mensaje del Señor. Jesús alaba a los sensatos, a los que saben discernir la novedad del reino de Dios y lo ven ya prefigurado en la Ley: «Un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo» (Mt 13,52). Jesús, en cambio, es muy duro con los que aparentan, con los orgullosos, con los que abusan de su prestigio para aprovecharse de los más débiles, con los que exhiben su plegaria. Recordemos las palabras sobre la plegaria: Tú, cuando ores, enciérrate, que te vea tu Padre, y no los demás (cf. Mt 6,5-6).







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