Mensaje del Santo Padre Francisco para la Cuaresma 2018

Es solo para creyentes…

(Abril 10, 2016)

Reconocer a Jesús es solo de creyentes!. Dos semanas después de la resurrección de Jesús, los discípulos deciden volver a su vida diaria, quizá a su rutina, a la pesca, al trabajo humano. Salen de Jerusalén y se van al norte, a su lago. Llevan la impresión de que las apariciones han terminado y ahora hay que sudar para ganarse la vida. ¿Acaso olvidaron ya lo que el Señor les dijo: "Os haré pescadores de hombres"? Al parecer sí.

Aquellos pescadores experimentados se embarcaron esa noche con la ilusión de llenar las redes. Pero amanece y las redes están vacías. ¡Que desilusión, Pedro! ¡Qué pronto olvidaste las palabras de tu Maestro: "Rema mar adentro a mares más profundos” No tengas miedo hombre de poca fe!




¡En todo demos gracias al Señor!

(Abril 3, 2016)

Mientras vengo de regreso en el avión pido a Dios me dé su inspiración para compartirles, al menos algo o parte de lo que hay en mi corazón: ¿Si Dios está con nosotros quien estará en contra de nosotros? Pues aún el morir es una ganancia, nos dice el apóstol y aunque el morir nos entristece, en razón de que se nos acaban todas las herencias y moradas en la tierra, nos consuela también profundamente, la certeza de poseer una morada eterna en el cielo donde ya no habrá nunca más dolor, ni vacío, ni soledad porque al resucitar Jesús de entre los muertos, con su resurrección da poder de resucitar a los que en El creen."




HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO.

(Marzo 27, 2016)

La Misericordia de nuestro Dios es infinita e inefable y expresamos el dinamismo de este misterio como una Misericordia «siempre más grande», una Misericordia en camino, una Misericordia que cada día busca el modo de dar un paso adelante, un pasito más allá, avanzando sobre las tierras de nadie, en las que reinaba la indiferencia y la violencia.

Cada uno de nosotros, mirando su propia vida con la mirada buena de Dios, puede hacer un ejercicio con la memoria y descubrir cómo ha practicado el Señor su misericordia para con nosotros, cómo ha sido mucho más misericordioso de lo que creíamos y, así, animarnos a desear y a pedirle que dé un pasito más, que se muestre mucho más misericordioso en el futuro... Nos hace bien salir de nuestros encierros, porque lo propio del Corazón de Dios es desbordarse de misericordia, desparramarse, derrochando su ternura.




ODIO AL PECADO Y AMOR AL PECADOR.

(Marzo 13, 2016)

En este domingo, en todo el orbe católico meditamos sobre la infinita bondad y misericordia divina, manifestada por Cristo, en este caso hacia los pecadores públicos. Jesucristo odia el pecado y ama al pecador. Y no sólo esto, sino que Jesús absuelve el pecado, a quien quiera seguirlo. Leamos el texto:" Maestro, (dijeron los escribas y fariseos), esta mujer ha sido sorprendida en el momento de cometer adulterio. Moisés nos mandó en la ley apedrear a estas mujeres. Y tú qué dices?. Decían esto para ponerlo a prueba y para acusarlo. Pero Jesús se agachó y, con el dedo, comenzó a escribir en la tierra. Como ellos insistían en preguntarle, Jesús se levantó y les dijo: "Aquel de Ustedes que no tenga pecado, que sea el primero en apedrearla. E inclinándose de nuevo continuó escribiendo en la tierra. Pero ellos al oír esto se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos, y lo dejaron solo con la mujer, la cual seguía allí. Jesús se levantó y le dijo: "Mujer, dónde están tus acusadores? ¿Nadie te ha condenado? Ella le contestó: "Nadie Señor". Entonces Jesús le dijo: "Tampoco yo te condeno, vete y no vuelvas a pecar" (Jn 8, 4-11).




Cuaresma, tiempo para volver a la casa del Padre.

(Marzo 6, 2016)

Esta es la parábola de todos los que hemos dejado alguna vez la casa del Padre y nos hemos sumergido en la fantasía de caminar sobre las mismas huellas del hijo pródigo. Jesús la narró para hacernos ver que sabía de qué barro estamos hechos, que conocía de antemano nuestras caídas, y para manifestar su misericordia perdonándonos aun sin él habernos ofendido.

Esta es la parábola del inquieto y del iluso, de quien tiene una inquietud clavada en lo más profundo de su alma: "Ser feliz". Inquietud que Dios mismo ha puesto en nuestros corazones y de la que no nos debemos avergonzar. Inquietud por la que debemos luchar hasta saciar la sed de felicidad que parece consumir al hombre.

 



El asunto es en serio y nos toca afrontarlo

(Febrero 28, 2016)

Jesús cuenta a sus seguidores una parábola que nos incumbe o involucra plenamente: "El dueño de la viña se acerca a la higuera para recoger sus frutos y no los encuentra". Es Dios que en esta Cuaresma nos reclama algo que espera de nosotros: ¿Nos alegra que Jesús nos pida cuentas? ¿Nos sorprende? ¿Nos da miedo cuando vemos nuestra vida como un árbol lleno de hojas y sin frutos?.

El episodio comienza con inquietudes pero tiene un final feliz: Dios hará un último esfuerzo para recuperar su árbol: removerá la tierra, le pondrá abono, y esperará un año más porque tiene paciencia con aquello que él sembró con tanta ilusión. No podemos llegar al final de nuestra vida con las manos vacías. La Cuaresma es una invitación a una conversión profunda.

 






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