Mensaje del Santo Padre Francisco para la Cuaresma 2018

La vida no es un camino de rosas

(Abril 14, 2019)

Muy apreciados hermanos y hermanas.

Llegamos a la semana mayor que nos invita a vivir la centralidad de nuestra fe. Y ciertamente seguir los pasos de Jesús en esta semana nos propone que entusiasmarse con Jesús, que llega como el rey pacífico a Jerusalén, es algo que si no lo hicieran sus habitantes por boca de los niños lo harían las piedras que abundan en las murallas de la ciudad. Nadie que quiera observar desde la sensatez deja de aclamar al rey pacífico que viene a traer bienestar a su ciudad. Entonces ¿por qué ese cambio tan brusco que se produce en la ciudad, que acabara siendo causa y testigo de la muerte de Jesús?

La memoria que la Iglesia hace de esta entrada de Jesús en Jerusalén nos sirve de pórtico solemne para introducirnos de lleno en el drama de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Hoy en día es difícil sentir aquel entusiasmo por Jesús, que tanto exaspero a los fariseos; ellos querían reducir las voces de aquellos que aclamaban a Jesús.




Jesús no condena

(Abril 7, 2019)

Muy apreciados hermanos y hermanas.

La liturgia de este domingo nos presenta grandes retos y es que resulta evidente que la misión de Jesús es salvar lo que está perdido. Nada escapa a su acción salvífica, ni siquiera el propio pecador, a quien Jesús no condena. No se trata de una condescendencia del Hijo de Dios con el pecado, sino de una acción que busca eliminar al pecado liberando al pecador de la esclavitud de Satanás.

Cuando Jesús se encuentra con la mujer pecadora, a quien están dispuestos a apedrear los escribas y fariseos dando así cumplimiento a la ley, el Maestro se atreve a enfrentarse con los maestros de la ley enseñando les con autoridad que no es la justicia de la ley la que salva, sino la justicia de Dios que se apoya en la fe en El. Reconocer al Señor, nuestro Dios, en Cristo es una tarea que solo acabara cuando hayamos sido capaces de aceptar su vida coma el prototipo de nuestra existencia, hasta el punto de poder decir que es Cristo quien vive en mí.




Una embajada de paz

(Marzo 31, 2019)

Muy apreciados hermanos y hermanas.

En este domingo, en que la liturgia nos habla sobre la misericordia del padre, me hace volver la mirada, sobre la vacación a la que hemos sido llamados nosotros los cristianos, los discípulos de Jesús; de hecho, se nos ha confiado el ministerio de la reconciliación. No podemos continuar dando golpes a diestra y a siniestra para instaurar la paz; es nuestra tarea aplicar el criterio de Dios a la hora de interpretar todos aquellos hechos y acontecimientos que alteran nuestras vidas introduciendo elementos que conmueven nuestra comodidad.

Ajustar nuestras vidas al criterio de este mundo es aceptar que Cristo no venció al mundo, y que esperamos más del mundo que de la fe en Cristo resucitado. Pablo el Apóstol que conocía bien la experiencia de la conversión, nos invita a no dejarnos llevar por los argumentos de este mundo que es débil como la carne. De carne era también el Cristo que Pablo conoció antes de su conversión; le repugnaba creer en El y se dedicó con saña a perseguirle, hasta que le alcanzo su gracia y le descubrió como Cristo glorioso y resucitado.




La conversión garantía de pervivencia

(Marzo 24, 2019)

Muy apreciados hermanos y hermanas.

Si hemos seguido de cerca los tres últimos domingos de Cuaresma podemos notar que tienen por eje central la conversión y la renovación de la vida de los bautizados. El presente domingo encontramos la imagen de la zarza y de la higuera. Moisés, después de la teofanía de la zarza ardiente y del diálogo con Dios, deja el pastoreo y regresa a Egipto. Su vida cambia radicalmente y se convierte en mensajero y realizador de los planes de Dios. La zarza del monte Horeb cambia la vida de Moisés. El Señor le envió a volver a recorrer el camino y regresar a Egipto con la misión de liberar a su pueblo rescatándolo de las manos del faraón. Jesús, camino a Jerusalén, instruye y alienta a sus discípulos. Les enseña a saber leer los signos de los tiempos y los invita a cambiar de vida, a convertirse. El cultivador de la higuera que no da fruto ruega y suplica al amo un año más. Intentará por todos los medios conseguir que dé frutos sabrosos. La higuera tiene un año más para producir higos, en caso contrario será cortada de raíz, pues ocupa un terreno sin dar fruto. Jesús expone en el evangelio unos casos con el eslogan final: «Si no se convierten, todos perecerán». Quien no se convierte será excluido de la salvación.




Este es mi Hijo amado; escúchenle

(Marzo 17, 2019)

Muy apreciados hermanos y hermanas.

Hoy en la liturgia podemos contemplar como Jesús permanece en clima de oración, podríamos atrevernos a decir que toda su vida entera es oración perfecta con su Padre. En la escena que nos presenta el evangelio nos muestra como invita a los íntimos a orar; no es posible orar en el ruido ni en la ostentación no es casual que el evangelista Lucas marque siempre la montaña como el lugar preferido de la oración y es que las alturas marcan la residencia de Dios. Jesús desciende para encontrarse con los hombres y sube al monte para orar.

En la oración, en lo alto de la montaña, cuando nos alejamos del ruido, podemos contemplar la gloria de Dios, su verdad y bondad infinita; aquella que no podemos medir ni calibrar bien cuando hacemos cálculos que nos suministra nuestro entorno. Esa situación, que de alguna manera nos aleja de nuestras preocupaciones, porque hemos sido capaces de dejarlas de lado para subir más ligeros a la montaña, nos hace ver y oír la voz del cielo y esa contemplación gozosa nos hace sentirnos tan bien que deseamos construir tres tiendas y permanecer siempre en este estado de auténtico éxtasis. Sin embargo, la voz celeste nos envía de nuevo allí donde hay ruido. Jesús no quiere retenemos en esa situación de éxtasis, sino que nos invita a escuchar la voz de quien nos ha llevado a la cima de la montaña y que de nuevo nos hace acompañarle hasta el lugar donde tendrá que enfrentarse con la realidad cotidiana, que se manifiesta hostil al mensaje que esa voz pronuncia.




Camino cuaresmal

(Marzo 10, 2019)

Muy apreciados hermanos y hermanas.

Como el miércoles de ceniza hemos iniciado el tiempo de cuaresma. Con este primer domingo damos comienzo el camino que conduce a la celebración de la Vigilia Pascual en la que renovaremos nuestras promesas bautismales. En el camino cuaresmal tenemos la oportunidad para progresar en la fe recibida, celebrada y vivida para que de esa manera, en la Vigilia Pascual podamos presentarnos con las manos llenas de obras de renuncia y de creencia. La renovación de las promesas bautismales en la Vigilia Pascual estará respaldada por la creencia y la ofrenda de cada día de este tiempo cuaresmal, tiempo de gracia y de salvación. De esta forma, la renovación de las promesas bautismales no serán un puro rito o un formulismo de letra y sin corazón. Sino más bien será un acto que recogerá la experiencia de todas las renuncias y las creencias de cada día de Cuaresma.







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