Mensaje del Santo Padre Francisco para la Cuaresma 2018

La Eucaristía es para todos

(Junio 23, 2019)

Después de la solemnidad de la Santísima Trinidad, celebramos hoy la solemnidad de Corpus, que tiene su origen en un contexto histórico muy concreto. Como decíamos el domingo pasado, los efectos de la Pascua continúan bien presentes en estos dos domingos que siguen a la cincuentena pascual. El Corpus nos transporta al Cenáculo, al Jueves Santo, cuando Jesús instituyó la Eucaristía para que los discípulos conmemorasen su muerte, resurrección y ascensión a la derecha del Padre, con la venida del Espíritu Santo. La fiesta de hoy posee como principal finalidad la manifestación de fe del pueblo cristiano en Jesucristo, realmente vivo y presente en el sacramento de la Eucaristía, y fue instituida también para la adoración y la alabanza del misterio escondido bajo las especies del pan y del vino, que son el Cuerpo y la Sangre del Señor entregados a la cruz el Viernes Santo. Memorial de Cristo, muerto y resucitado, la Eucaristía constituye el tesoro más preciado y el corazón mismo de su Iglesia.

La narración de san Lucas sobre el milagro de la multiplicación de los cinco panes y los dos peces, con los que Jesús sació el hambre de la gente reunida a su alrededor, acaba de esta manera: «Comieron todos y se saciaron…». En efecto, Jesús desea que todo el mundo se alimente de la Eucaristía.




Mensaje del Pastor

(Junio 16, 2019)

Después de la cincuentena Pascual retomamos el tiempo ordinario. Dejar atrás un tiempo fuerte, como es la Pascua, no disminuye la intensidad de nuestro compromiso cristiano. Bien al contrario, la solemnidad de la Santísima Trinidad que hoy celebramos se convierte en cierta manera en una buena recapitulación de los efectos del misterio pascual. Los misterios de la muerte y resurrección de Jesús, su ascensión a la derecha del Padre y la efusión del Espíritu Santo en Pentecostés nos han permitido entrar a la vida de gracia, insertándonos en la dinámica trinitaria mediante los sacramentos pascuales, a fin de continuar progresando en nuestro amor a Dios y a los hermanos.

Todo ello nos va llevando a notar que, cada vez que hacemos sobre nuestra frente y nuestro pecho la señal de la cruz recordamos nuestro propio bautismo, aquel momento en que fuimos incorporados a la Iglesia en nombre de Dios uno y trino. Con este signo sencillo que realizamos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, expresamos el contenido del anuncio de la fe y nos disponemos a iniciar una oración verdaderamente cristiana. Los ojos de la fe, en este preciso instante, se abren al misterio insondable de la Sabiduría de Dios, que nos envuelve para que podamos admirar su excelsa gloria.




Pentecostés

(Junio 9, 2019)

Hoy con la solemnidad de Pentecostés llega a su término la cincuentena Pascual. Tal y como nos recuerda la liturgia del el día hoy en el prefacio, al hablarnos del envío del Espíritu Santo, que llega a plenitud el Misterio Pascual. Por tanto, recordamos, como hemos hecho en el caso de la Ascensión, que la de hoy tampoco es una celebración independiente o autónoma del resto de la Pascua, sino su colofón. Debemos superar el equívoco de creer que hoy es la fiesta del Espíritu Santo, de la tercera Persona de la Trinidad. El objeto de nuestra celebración de hoy es un acontecimiento salvífico, una obra de Dios: el envío del Espíritu Santo. Hemos de hacer hincapié en ello: no nos detenemos en la contemplación de la tercera Persona de la Trinidad, sino en su efusión y acción.

El Espíritu Santo tiene un dinamismo creador que encuentra su plasmación en la vida de la Iglesia. Como nos recuerda Pablo, hemos recibido el Espíritu en Bautismo con el fin de conformar un solo cuerpo. En cada uno de los que somos miembros de ese organismo, se manifiesta la acción original e intransferible del Espíritu, en aras al bien común. Los dones del Espíritu son múltiples y multiformes, pero están al servicio de la unidad.




Aquí en la tierra como en el cielo

(Junio 2, 2019)

Hoy domingo de la del Señor a los cielos, nos enseña entre otras cosas que Jesús ha dejado en la tierra su obra acabada. Como Maestro perfecto enseño a sus discípulos a vivir cumpliendo la voluntad del Padre. El mismo lo ha hecho y ha compartido los momentos difíciles que la condición humana, que Él mismo asumió con todas sus consecuencias menos el pecado, le impuso llevando al borde de la angustia y aflicción. "No se haga mi voluntad, sino la tuya" es la oración al Padre llevada a su punto culminante.

Su presencia en el mundo ha sido el testimonio fehaciente de esta voluntad divina que se ha hecho historia y vida en Jesús; se ha hecho respuesta personal del Hijo de Dios hecho hombre devolviendo así a la naturaleza humana la libertad y capacidad de responder a Dios según su designio creador. Su muerte y resurrección nos ha liberado de esa esclavitud a la que nos sometió el pecado de Adán. Jesús resucitado es garantía de vida para la humanidad que cree en El; y lo dejara bien patente llevándose consigo al cielo esa humanidad reconciliada con Dios.




Tiempo de la Iglesia

(Mayo 26, 2019)

Entre la primera y la segunda venida del Señor se desarrolla el tiempo de la Iglesia. Inserta, por tanto, en la Historia de la Salvación. Historia que no concluye con la Pascua de Jesucristo, sino que terminará cuando todo participe de su gloria. Nuestro tiempo, con todo lo que hay en él de muerte, injusticia, corrupción y pecado, no se reduce a mera cronología, sino que es tiempo de gracia y salvación, tiempo en el que se va expandiendo la Pascua del Señor hasta alcanzarlo todo. Bajo la guía del Espíritu Santo, la Iglesia aparece como sacramento en este tiempo intermedio, Tiempo Pascual, haciendo memorial de la Pascua de Jesucristo, en el que se preanuncia la Pascua del cosmos y la conclusión definitiva de la Historia de la Salvación, por la fuerza motriz de la Pascua del Señor.

Ciertamente vivimos en nuestra arquidiócesis de Chicago un tiempo de gracia, y como han escuchado en los últimos meses hemos iniciado un tiempo en el que iremos discerniendo sobre nuestro que hacer como iglesia-sacramento aquí en la arquidiócesis de Chicago, con el programa Renueva mi Iglesia. Es por ello, que con las parroquias con las que participamos en este programa, es que hemos visto oportuno poder compartir los pastores, los diversos horarios de misas. Es así que el próximo domingo nos estará visitando el P. Walter Yepes, para presidir las eucaristías de las 10:00 y 12:00pm respectivamente.




Un nuevo mandato

(Mayo 19, 2019)

Muy apreciados hermanos y hermanas.

Mucha más de lo que supone un cambio de gobierno, e incluso un cambio de sistema político, es lo que ofrece Jesús a la primitiva comunidad cristiana. El régimen de impunidad para los elegidos, la justicia inmisericorde para los sorprendidos en falta, e incluso la reivindicación de la parte ofendida según exige la ley del talión, han de ser sustituidas por un nuevo modo de afrontar la realidad, que no puede continuar degradándose al haber perdido su referencia al orden trascendente.

Volver a los orígenes y beber de nuevo en sus fuentes, no es permanecer inmóviles en la situación actual, sino actualizar, según el designio original, toda la fuerza creadora proyectada en su origen hacia la eternidad. La no caducidad del proyecto creacional justifica la nueva alianza como una afirmación renovada y definitiva frente al deterioro y mentira de los que se aferran a sus privilegios. La primera señal de esta renovación es que el designio de Dios no excluye a los gentiles; ellos son invitados a creer, a formar parte del grupo de los fieles, como criaturas que son también del Señor. Desde ahora, desde la nueva alianza, los gentiles no solo podrán creer, sino que ellos mismos se convertirán en testigos de la fe: "Que todas tus criaturas re den gracias , Señor; que te bendigan tus fie/es; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas" .







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