Mensaje del Santo Padre Francisco para la Cuaresma 2018

¡Viva nuestra Fe!

(Septiembre 16, 2018)

Muy apreciados hermanos(as)

En el presente domingo seguimos escuchando al Apóstol Santiago -dentro de la liturgia (2da Lectura)-, quien nos anima a vivir nuestra fe, y recordándonos que ésta, es viva pues nace como don de Dios que regala a todos inmortales como garantía de que la muerte no es su destino final y definitivo. Claro lo que ocurre es que hay que mantenerla viva y para ello nutrirla y cuidarla para que no se quede anquilosada; en definitiva, el don sobrenatural solo vive en nosotros si somos capaces de aceptarlo deseando que viva nuestra fe.

Ya en los primeros tiempos de la Iglesia apostóica en Jerusalén su primer obispo, Santiago, advirtió a sus fieles que de nada servía decir: "tengo fe", si luego las obras no corresponden a la fe. Creer es confiar, es aceptar la propuesta de quien nos ofrece solucionar nuestras cuestiones apoyándonos más en la capacidad de quien nos brinda confianza más que en nuestros propios recursos. Cuando el apóstol Santiago habla de la fe que salva, que da vida, se refiere a la respuesta que el creyente debe dar sin escudarse en la misericordia de Dios para con los demás.



Hacer oir a los sordos

(Septiembre 9, 2018)

Muy apreciados hermanos(as)

Como cada domingo deseo hacer mi reflexión desde la Palabra que Dios nos dirige. El día de hoy la liturgia nos presenta en la segunda lectura, el consejo de la carta de Santiago que puede parecer un poco utópico, pero resulta muy valioso, su exhortación: «No mezcléis la fe en nuestro Señor Jesucristo glorioso con la acepción de personas». Y es que este consejo en una comunidad esta consigna resulta imprescindible. Promover la igualdad es esforzarse en ofrecer a todos los medios materiales y espirituales que necesita para desarrollar su vida dignamente. Trabajemos, pues, construyendo una verdadera comunidad, sin acepción de personas.

El evangelio de hoy, encontramos un signo muy significativo: Jesús sale del círculo cerrado de los judíos, se dirige a tierras paganas y allí cura a un sordomudo, símbolo de la humanidad cerrada a la voz de Dios. Nosotros también deberíamos salir de nuestros pequeños círculos cerrados e ir a las periferias territoriales y existenciales de las personas, como dice con frecuencia el papa Francisco, a buscar a aquellas personas que desean encontrar a Dios y escuchar su voz.Detengámonos, sin embargo, un poco más en el relato del evangelio. La gran suerte que tuvo aquel sordomudo fue que otras personas le condujeron ante Jesús, y en él encontró al pedagogo activo y paciente que le insertó en la sociedad.




Preceptos del Señor y preceptos humanos

(Septiembre 2, 2018)

Queridos feligreses

El Señor invito a su pueblo a escuchar sus mandatos y preceptos sin añadir ni suprimir nada y así cumplirlos tal cual El los ordenó para su crecimiento y desarrollo. La observancia de estos preceptos eran el mejor testimonio de la sabiduría e inteligencia del pueblo de Dios frente a las demás naciones. Ningún pueblo tenía un Dios tan cercano que se hubiera hecho norma vivificante para sus fieles.

Frente a esta invitación surgen las exigencias de quienes en su nombre imponen preceptos y obligaciones que difícilmente se pueden llevar a cabo. No nos corresponde a nosotros decidir cuál es el precepto divino frente al precepto humano; a nosotros nos corresponde escuchar la voz de Dios, percibir la moción del Espíritu Santo, que anida en lo mas profundo de nuestro ser y no excluir el ejercicio de nuestra libertad que se somete agradecida al único Señor que no nos priva de ella.




¿Señor a quién vamos a acudir?

(Agosto 26, 2018)

Queridos feligreses

Muchas veces me he puesto a meditar sobre el lenguaje de Jesús, que es duro, ahora bien, no porque sea incomprensible, sino porque resulta difícil de aceptar, sobre todo por las consecuencias que implica. La cuestión del «lenguaje» en la transmisión de la fe es importante, pero la realidad de la fe, aunque sea expuesta en el lenguaje más actualizado, será siempre «dura». En estos años se ha introducido la lengua hablada en la liturgia, aunque no por ello han aumentado los que participan. Y no es sólo por una cierta extrañeza cultural del mundo bíblico, sino porque la Palabra resuena con toda su dureza. La Palabra, en su contenido esencial, implica una elección, una alianza del tipo de la propuesta por Josué; [según vemos hoy en la primera lectura] implica elecciones no siempre fáciles ni siempre sin dolor. Y frente a los compromisos que dan la impresión de echar a perder la vida, nos sentimos tentados, también nosotros los discípulos, a pensar como la mayoría: la Iglesia exagera ·en sus demandas, quiere complicar la vida, la Palabra ha de ser interpretada, las nuevas condiciones de la sociedad no permiten vivir siguiendo ciertos parámetros del pasado...



Mantenerse en la sensatez

(Agosto 19, 2018)

Muy apreciados feligreses:

Siguiendo al Apóstol San Pablo en su exhortación a la comunidad de Éfeso, quiero aprovechar sus palabras que nos invitan a vivir sobrios para no perder el sentido.

Precisamente es este el campo abonado para que la confusión, compañera de la insensatez, crezca y acabe con la verdadera orientación que nos permite avanzar sin limitaciones de nuestra libertad. Esa orientación no nos la da el vino que embriaga sino el vino que la Sabiduría ha mezclado para acompañar los otros alimentos que nos brinda en el banquete al que invita a cada uno de nosotros.

Es esta invitación un síntoma indiscutible de la fecundidad y generosidad de la Sabiduría ya que no teme quedarse sin reservas, pues, es ella la misma fuente de toda bondad y en este caso del vino y flor de harina con que prepara el suculento banquete al que nos invita. Participar en este banquete supone crecer en sensatez y dignidad personal ya que nuestro criterio se va configurando según el criterio de la propia Sabiduría de Dios. Nada ni nadie puede acusar de falsedad a esta verdad que la Sabiduría nos propone: solamente el enredador (el Diablo) puede hacer argumentos falaces que confundan a los que por falta de nutrición carecen de defensas suficientes para detectar la falsedad de los argumentos diabólicos.



Vivan en el amor

(Agosto 12, 2018)

Muy queridos hermanos(as):

Es una alegría para mí estar con ustedes a través de este medio que Dios nos concederá cada domingo para compartir las reflexiones que irán marcando nuestro caminar en esta parroquia de Nuestra Señora del Tepeyac. Estoy convencido que Dios a través de su Palabra, irá guiando nuestro caminar, es así que deseo empezar este domingo siguiendo el consejo que San Pablo daba a los habitantes de Éfeso. Ellos habían experimentado muchas dificultades a nivel de su vida de fe, y luego, sabiendo que tenían que animar a la comunidad es que trata de ayudarles en su caminar de cada día, así se atreve a darles la norma suprema de la vida. “Sean imitadores de Cristo, compórtense como hijos queridos del Padre celestial y vivan en el amor tal como Cristo los amó y se entregó por nosotros como ofrenda y víctima de suave olor”. Por ello, San Pablo insiste que, nada de egoísmos que no hacen sino generar ira, enfados, insultos y toda maldad. Cuando el amor es la búsqueda y goce del verdadero bien nunca produce amargura, pues, la dificultad radica en nuestra ignorancia que acaba seduciéndonos con la necedad. De esta manera acabamos queriendo ignorar para no tener que afrontar la verdadera sabiduría que entiende y experimenta el amor como algo sagrado y que convierte nuestra vida en un auténtico derroche de generosidad. Vivir en el amor es comunicar vida, esforzarse por alcanzar los medios necesarios y no descuidar la tentación de caer víctimas ante los bienes que no duran.






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